jueves, 31 de enero de 2013

No confíes ni en tu sombra (Prologo + 1er Capitulo)


Título: No confíes ni en tu sombra
Género: Gore, drama
Fandom: Original
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Prologo

Hoy es mi cumpleaños doce. Estoy emocionada, pero a la vez muy inquieta y nerviosa. Vivo en los barrios más bajos que hay, pero soy feliz. Un poco. No lo he sido en mucho tiempo. No desde que mis padres fallecieron en un incendio, dejándome sola. He logrado anteponerme a la situación, pero siento que muy en mi interior hay un ardor. Siento un fuego que me recorre el pecho y acentúa su dolor en mi corazón. Pero no se preocupen, estoy bien. Siempre lo estoy. Salvo por un pequeño tema: No he dicho palabra desde que ocurrió el incidente. No lloré. Sufrí, pero nadie me vio.

Luego de todo, me quedé durmiendo en las calles durante tres días. Nadie me hablaba ni trataba bien, hasta que ella me dio un poco de pan y me saludo. Parece una señora agradable. Usualmente la gente no se fía de mí porque, aunque tengo solo once años, me dicen que tengo cara de mala. Pero no lo soy, solo estoy triste.

-Hola, mi amor, ¿te encuentras bien? ¿Porqué estas sola aquí? ¿Tienes donde quedarte?- Muchas preguntas, pero la agradable señora me sonreía. Yo solo moví la cabeza para ambos lados y escondí mi cara en mis manitos, pero ella me abrazó y dijo: “No te preocupes, yo te llevaré conmigo”. Y así fue como me mudé hace poco con Mamá Lana y Papá George. En un principio no confiaba en ellos, creía que me harían daño, pero luego supe que son unas personas amorosas y especiales. Estuve años sin hablar. No podía. Era como si mi garganta estuviese cerrada. Inclusive toda la familia aprendió lenguaje de señas para comunicarse conmigo.

En la casa éramos cinco personas. Aparte de los antes mencionados, incluyéndome, estaban Maya y Scott. Ellos eran mis “hermanos” mayores. Ambos tienen diecisiete años y son buenos conmigo. Los quiero mucho.

Durante unos años, todo estuvo excelente. Aunque yo seguía sin hablar, había establecido una relación muy cercana con todos en la casa y poco a poco, más niños llegaban. Pero estos eran todos bebés o niños muy pequeños.

A los pocos meses de cumplir los quince años, mi vida cambió increíblemente.

            El dolor de mi pecho era demasiado fuerte. Con la poca energía que me quedaba, decidí salir a tomar aire para calmar la angustia y el dolor. Mi corazón comenzó a latir a velocidades imposibles y sentía que me iba a explotar. Pero algo ocurrió. Una persona, de unos veinte años, me empujo contra la pared.

            -Dame todo lo que tenes. ¡Ya!- Estaba aterrada. Saca una navaja y me la pone en el cuello. Respiro profundo y, sin siquiera yo saber que estaba haciendo, empujo la mano con la navaja y empujo al hombre contra la pared. Un golpe seco, producto de la cabeza el hombre y el concreto, y un sonido de fractura. El gris se mancha con rojo y un poco de mi dolor disminuyo, aunque mi terror y desconcierto, aumentó.

            Temiendo que se vuelva a levantar y quiera matarme, me le adelante. Tome la navaja y atravesé su pecho. Y una, y dos, y tres, y mil veces. Mi cara y mi ropa estaban manchadas por la sangre de mi delito. Mi cuerpo empezaba a temblar, pero el extraño dolor que sentí durante tantos años se fue. Era como un milagro. Por primera vez en mi vida pude sentirme normal. Aunque sangrienta.

            “En casa me regañaran” pensé e hice algo inimaginable. Un inocente perro callejero dormía plácidamente cerca de donde yo estaba. Aun con la navaja en mano, fue en su dirección y se lo clavé una vez. Mortalmente. Lo levante y caminé hasta casa entre llanto e intranquilidad.
           
            Después de eso no pasó más. En casa creyeron que un borracho había lastimado al perro y yo quería salvarlo, pero ya no se podía hacer más. Aunque ese día descubrí la verdad. En cuanto llegue a casa, comencé a grita por Mamá Lana y Papá George. Hablé, grité. Yo lo hice. No lo pude creer, pero así fue. Ese día me di cuenta de que la vida no es la única salida. A veces la muerte te da oportunidades. Esa muerte fue la que me calmó el dolor que me aniquilaba por dentro.

            Y así fue como abrí las puertas de un nuevo mundo.


Capitulo 1

El viento gélido me sopló en la nuca. Respiré aquel aire que recorre todos aquellos barrios bajos. El aroma a sangre, muerte, mugre y pobreza me rodean. Me vuelvo a poner mi mascara de panda y me acomodo el buzo para evitar que los indigentes que poblaban aquellos callejones pudieran ver el machete que escondía. Un escalofrío me recorre la espalda devolviéndome a la realidad. Matryoshka, apresúrate.

No soy una chica mala. No le deseo el mal a nadie. Pero las cosas suceden. Yo jamás hubiera comenzado a hacer esto sola. Ni pensarlo. Pero los sucesos ocurren y cuando encuentras algo que te llena, no lo piensas dos veces antes de volver a hacerlo. Tengo derecho a sentirme completa alguna vez en mi vida. Ni siquiera completa. Tengo derecho a no sentir ese vacío que me carcome por dentro, que me inunda las entrañas y me hace llorar y deprimirme. Tengo derecho a sentirme normal, aunque no lo sea.

            Camino tres cuadras y llego a mi destino: “Carnicería Don Tito”. Este hombre es un maldito hijo de puta pedófilo. Se centra en las chicas de dieciséis y cinco años. Las mismas edades que tenían sus dos hijas cuando fueron asesinadas sus dos niñas hace muchos años, en una disputa callejera. Realmente irónico. Aprovechando la oportunidad de que Mamá Lana me envió a buscar carne de aquí, tomaré un poco más.

-Buenos días, Matryoshka. ¿Vienes por los recados para Doña Lana?- Me atiende cuando entro, Doña Susana, la mujer de Don Tito. Es una mujer encantadora, dudo mucho que realmente sepa lo que hace su marido.

-Exacto. Recientemente entró un muchacho nuevo con nosotros y no ha querido comer nada desde entonces, por eso Mamá Lana quiere hacerle una comida bien rica que no podrá despreciar- Le respondo con toda la inocencia que una chica de dieciséis años puede tener. Le sonrió y agarro la gran bolsa que me extiende.

-Muchas gracias-. Ahora que lo pienso, esto puede llegar a ser un problema. Voy a tener que esperar a que Don Tito salga del negocio para poder agarrarlo. Un sonido de campanitas me saca de mis pensamientos. El celular de Doña Susana. La escucho hablar animadamente y con un “ahora voy”, se despide.

-Bueno, Matryoshka linda, debo irme. Falta un kilo que Don Tito está cortando antes de cerrar el negocio, ¿te molestaría esperarlo?-

-Oh, no, por favor. Usted salga y no se haga problema-.

Unos minutos después de que se va, Don Tito aparece. Su mirada se posa en mí. Siento que me desnuda con la mirada, y creo que tiene intensiones de más.

-Bonita, pasa que tengo tu carne justo aquí- Me dice y luego lanza una sucia risa grave, producto de los años de fumador que tiene.

-Claro, señor-.

Dejo la carne y una mochila que trigo conmigo siempre sobre el mostrador y entro. Esto es demasiado obvio. Ningún carnicero te haría entrar por aquí. Y ninguna chica inteligente entraría. Pero yo estoy preparada para esto, no me sorprenderé. Cuando me acerco a la puerta, él se corre sin dejarla para que yo tenga que pasar junto a él. Pegada a él. Puerco. Al hacer ese abominable acto de tocarlo pasa pasar, siguiendo su juego, él me toca el culo. Carajos. Me toma del brazo y me tira contra él, cerrando la puerta tras sí mismo. En cuestión de segundos, me tira al suelo. Siento sus manos tocando mi cintura, mis pechos y manoseándome la cara. Cierro los ojos y me aguanto el asco. Me abofetea e instintivamente fijo mi mirada en él. Se quita su remera y puedo ver su grasoso cuerpo de mucho más de cien kilogramos. Pasa a desabrocharse el cinturón, y cuando termina, quiere deshacerse de mi jean. No en mi turno, idiota.

Para colmo, el estúpido se olvido de sujetarme los brazos. Aprovecho esta gran oportunidad, tomo el machete que escondía en mi buzo y lo introduzco en su cráneo. Lo giro y retuerzo, pero él ya está muerto. Fue rápido y con poco dolor para él, pero no podía hacer más. No obstante, la sangre se hizo muy presente. Siento que me di una ducha en ella. Limpio un poco el líquido espeso y caliente que tengo en el rostro con las manos, y lucho para quitarme el enorme cuerpo que tengo sobre mí, lo cual logro. Agarro unos cuchillos grandes de las mesas que se encontraban allí y comienzo a cortar a Don Tito con total dedicación. Una pierna por aquí, una mano por allá y con total amor le rebano su amigo. Primero me da asco tocarlo, pero luego me siento bien al recordar que estoy destruyendo el objeto de tortura y destrucción psicológica de tantas chicas.

Meto sus restos en una de las bolsas con restos de carne y guardo su virilidad en una bolsa. Tiro un pedazo de carne en el piso, donde está el gran manchón de sangre, para que nadie se dé cuenta. Aunque igual no interesa. A nadie le interesa esta parte de la ciudad. Somos un lugar oscuro, llena de terror que nadie quiere ver. No vive nadie decente de este lado. O eso es lo que cree el barrio rico de al lado. Ingenuos. Pero, mejor para mí. La policía no existe en este lugar. Jugamos con reglas diferentes,  y eso me beneficia.

Agarro el kilo de carne que faltaba y lo pongo con el resto, tomo mi mochila y saco la muda de ropa que llevaba dentro. Idéntica a ala anterior. No es que tenga mucha ropa, pero estos buzos y pantalones baratos nos los regalan todo el tiempo, junto con otras donaciones. Me cambio, recojo todo y salgo. La ropa ensangrentada en la basura, el pene de nuestro difunto amigo como nuevo juguete de un perro callejero y yo esquivando matones vuelvo a casa.

-Ya llegue y traje la comida- Grito mientras entro. De la nada aparecen tres niños y dos niñas de entre cinco y siete años que me comienzan a saludar y abrazar.

-Mimí, Caro, Bobby, Josh, Filin. Hola, amores-.

Dejo la comida en la cocina y veo a Mamá Lana y Papá George hablando.

-Amorcito, te tardaste, estaba un poco preocupada. ¿Te encontraste con los niños de la Señora Josefina?- Me pregunta Mamá Lana, preocupada.

-Esos “niños” tienen 18 años y son unos delincuentes. Escuche que estuvieron robando y golpeando ancianos el otro día. Los encuentro y los mato-. Ellos no lo toman con toda la intencionalidad de la palabra, pero yo lo digo enserio.

-Matry, ve a descansar un rato que luego te llamamos para la cena. Has limpiado toda la casa hoy y eso es mucho trabajo con cinco niños, dos adultos y cuatro adolescentes aquí-.

-Maya y Scott van más para el lado de adultos, pero tomaré tu oferta, Papá George-. Me rio y subo a mi habitación. Limpio el cuchillo con los desinfectantes que tengo guardados aquí y cuando todo está  guardado, me tiro en la cama a dormir un poco.

Esta no es otra historia cualquiera. Es un relato de vida o muerte. No es una ficción, es mi realidad. Es como yo lucho con las circunstancias y las paso por encima. La vida es hermosa pero siempre da golpes bajos, por eso es una hazaña vivirla.
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Y bueno chicos, esto es todo. Soy Pandita Gore. Nos vemos~.


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